DEL LENGUAJE VISUAL AL
LIBRO-OBJETO (Fragmento extraído de
MERZMAIL)
Antonio Gómez
Ateniéndome a esta definición
mi diccionario se puede considerar como un libro. De el podríamos
decir también que es un continente accidental de textos. En su
origen los libros fueron exclusivamente continentes de textos, pero
es obvio que pueden contener otros lenguajes. Además del lenguaje
literario, todo sistema de signos tiene cabida dentro de la
estructura de un libro.
El lenguaje visual busca
dentro de estructuras (libros) nuevas formulas de asociación y crea
con formas propias nuevos códigos de comunicación. Utiliza
conjuntamente nuevos signos y símbolos, elementos fonéticos y
visuales, elementos tipográficos. Valora el color y la forma, valora
el signo semántico como tal signo y el espacio o soporte donde va a
desarrollarse la obra, dándole a la pagina la categoría de espacio
artístico en potencia, espacio donde se puede exhibir un trabajo.
Junto al lenguaje semántica busca el estético.
Las imágenes son meras
ilustraciones de textos y los distintos elementos de estas
estructuras proporcionan una mayor riqueza interpretativa y de
participación. Uno de estos elementos es el texto, pero no tiene
porque ser el mas importante. Hay ocasiones en que el lector es a su
vez el nuevo creador de la obra. El lenguaje tal como se ha venido
entendiendo, tiene sus limitaciones. Hay sensaciones que al intentar
expresarlas, nunca quedamos satisfechos de los resultados. Estas
situaciones son las que el nuevo lenguaje ayuda a resolver. Los
libros que el lenguaje visual plantea, son realidades autónomas,
autosuficientes y se puede considerar más internacionales que el
tradicional libro escrito - muchos de ellos no necesitan ser
traducidos -. A estos se les viene conociendo con el nombre de
"libros-objeto".
Al hablar de libros nos
encontramos con una serie de ellos ya reconocidos y aceptados
popularmente. Existen libros sagrados, libros de caja, libros de
oro, de ritual, de texto, de coro, de inventarios, etc., todos ellos
con unos contenidos peculiares y destinados a unas funciones tan
especificas como concretas. Después de la importancia que el
libro-objeto ha adquirido en estos últimos diez años, viene con todo
merecimiento a engrosar esa lista.
El libro tradicional dada su
unidad literaria y su monotonía visual nos sugiere unos valores
tranquilizadores y unitarios. Transforma inevitablemente los textos
creados por escritores en justificaciones culturales del lector y
aunque a veces, editor o autor pretendan seleccionar los medios de
propaganda y difusión de sus libros, terminan siendo un producto de
consumo ofrecidos camufladamente como instrumentos de información
para adquirir una mayor experiencia. El libro se convierte en
nuestro cómplice. Nos lleva hasta cambios de opinión y a nuevas
actitudes en el desarrollo de nuestro acontecer diario. El libro
transforma nuestra vida.
Al margen ya de contenidos, un
libro, un continente de lenguajes, es un objeto con un peso y unas
medidas que nos dan un volumen en el espacio. Seria una torpeza
pretender aplicar el mismo baremo, utilizar una misma escala a la
hora de valorar los meritos de un libro y los meritos del texto que
ese ejemplar contiene. Pero seria una torpeza también ignorar que
los libros como objetos que son, con su propia realidad exterior
están sujetos a unas condiciones de percepción que proporcionan
nuevas maneras de comunicar.
Estos libros, vistos como
objetos autónomos en el espacio ofrecen al lector-espectador, nuevas
alternativas y con ellas están potenciando las posibilidades de
comunicación de todos los géneros literarios y de cualquier otro
sistema de signos o símbolos.
Los escritores no escriben
libros, esta muy claro que lo que ellos hacen es escribir textos. Si
asumimos esto y que información no es necesariamente comunicación
estamos en disposición de poder interpretar fácilmente nuevos
códigos de lectura.
En este tipo de publicaciones
nada tiene consistencia aisladamente, la estructura del libro
considerado como libro objeto, la forman la suma de todos sus
elementos y el mensaje final que oferta al lector es el libro en si,
el libro en su totalidad.
Ante todo, un libro-objeto no
es un mero soporte de palabras, es mas bien una secuencia de
espacios desarrollados en cualquier lenguaje escrito y en cualquier
sistema de signos. El lenguaje literario es el menos empleado en
estos libros.
El creador de libros-objeto,
hace libros, utiliza eficientemente las posibilidades espaciales de
la pagina, explota su potencialidad táctil y propone formas, medidas
y colores adecuados. Es el único responsable de que el libro alcance
a ser un hecho real.
Las medidas, la forma, los
colores y los materiales empleados nos proporcionan una experiencia
visual, táctil y hasta olorosa, pudiendo darse el caso de ser más
importante y enriquecedora que el propio contenido ofrecido por el
texto.
Las editoriales del sector
libro, que por norma se someten a la poética del bestseller,
condenan a este tipo de publicaciones al cajón del olvido dejándolos
fuera de sus proyectos. Son libros de difícil ejecución, caros y
minoritarios y salvo alguna pequeña editorial marginal, la mayor
producción son autoediciones de muy corta tirada y realizados con
técnicas totalmente manuales. Han sido los propios creadores,
quienes a base de presentaciones y muestras han formado un publico
incondicional y cada día mas numeroso.