LAS PUERTAS                EL HACEDOR                 LO HECHO                DE PUERTAS ADENTRO                DE PUERTAS AFUERA

 

 

El Hacedor vive inmerso en el placer de alimentar su vanidad y a veces la ajena, su mente y sus manos se abisman en el pozo infinito del placer onfálico, de espaldas a la vigilia que transcurre en el exterior. Algunos llaman a Las Puertas, pero la aldaba es tan sutil que no produce sonido alguno o sólo audible a los murciélagos u otros seres de la oscuridad. Es el Hacedor, cuando saturado de su propio ego y de solazarse en su precioso ombligo, decide abrirlas de par en par y salir en busca de una vanidad ajena ávida de alimento para apropiarse de ella. Es cuando más disfruta, porque nutre su propia presunción con la de otros.